19/07/24
Decisiones… esas mismas que a veces nos complican la vida. ¿Por qué, nos costará tanto a veces tomar una decisión? De hecho, cuando la tomamos, ¿debemos tomarla con la cabeza o con el corazón?
Siempre, durante mis 30 años de existencia, he elegido con el corazón. ¿Me ha ido bien?, pues si y no. De todas maneras, aunque me haya salido mal en muchas ocasiones, el simple hecho de elegir con el corazón hace que no me arrepienta y eso me permite dormir por las noches a pesar de no haber acabado tomando esa decisión ‘’pragmática’’.
Vivimos en un mundo que va tan deprisa, que muchas veces, no te da tiempo ni a tomar una decisión en condiciones. ¿Por qué tanta presión?, ¿Por qué tanto empeño en correr? Yo, por ejemplo, por esa sociedad en la que vivimos, acompañada de inmadurez, he tomado decisiones que no sabía que hoy en día serían determinantes. Para más inri, esas decisiones, van cargadas de gente que tiene de profesión ser ‘’opinóloga’’, opinan, cuestionan e incluso en varias ocasiones critican tus decisiones. ¿Qué genera esto? Condicionamiento. Nos importa tanto, lo que opinen de nosotros, que se nos olvida nuestra propia opinión. Y no, no hablo de opiniones de la sociedad, hablo de las que importan, de las que pesan: de tu círculo de familiares, gente que se supone que te quiere y en teoría ‘’quiere lo mejor para ti’’. Cuando en muchas ocasiones, sin darse cuenta, lo único que hacen, es reflejar ese vacío o insatisfacción/frustración ‘’no vivida’’ y la vuelcan en ti. Al final, vas sumando, todo pesa, todo afecta y tomas una decisión construida en pedazos como si de un vestido de desigual se tratase.
Puede que, si hubiera tomado desde un primer momento, decisiones ‘’pragmáticas’’ a lo mejor, habría llegado a mi destino final antes, o a lo mejor, sería más inmadura, ya que cada vez que me he caído ha sido por escuchar a mi corazón y no a mi cabeza.
Sea como fuere, estamos hechos de nuestras decisiones, de nuestras caídas y de nuestra capacidad de resiliencia ante situaciones inesperadas.
Querido Bernal❤